El ambiente en las gradas refleja la fría relación entre el Tri y su afición
La selección mexicana consiguió un triunfo vital de 2-0 frente a Sudáfrica en el partido inaugural, pero el ambiente vivido en el estadio encendió las alarmas de los analistas. A pesar de la importancia del evento y del resultado positivo en la cancha, la atmósfera general distó mucho de las grandes fiestas mundialistas del pasado. La tribuna mandó mensajes claros de exigencia y, por momentos, de una marcada apatía hacia el desempeño del equipo.
Tal como detalla la crónica de El Excélsior, el partido sirvió para entibar apenas una relación que ha sido francamente glacial entre la escuadra mexicana y su propia afición en los últimos tiempos. Incluso jugando contra un rival mermado que se quedó con nueve hombres sobre la cancha, los asistentes esperaban ver un futbol mucho más ofensivo y espectacular. Ante la falta de ambición, el público castigó al Tri en varios lapsos del juego con sonoras silbatinas.
El escenario ya no pesa como en las épocas doradas del balompié nacional, reflejando un cambio de actitud en el espectador moderno. El recinto actual ya no es el explosivo Estadio Azteca o la clásica Ciudad de México de antaño, aquel lugar imponente que rugía con la fuerza de un león feroz ante los visitantes. Por el contrario, durante largos pasajes del encuentro de hoy, un inquietante y aburrido silencio se apoderó de las gradas.
Algunos sectores han comenzado a llamar a este evento “el Mundial de los ricos”, debido al perfil del aficionado que se dio cita en las tribunas. Se observó a un público que coreaba el “olé” de forma prematura apenas a los dos minutos de juego, pero que terminaba exhausto tras caminar kilómetros para llegar a sus asientos. Eduardo Galeano definía al futbol como una fiesta sin ateos, pero en esta ocasión pareció haber muy poco ambiente para celebrar la religión del balón.
La victoria maquilla momentáneamente la distancia que existe entre el equipo nacional y sus seguidores. El planteamiento pragmático del cuerpo técnico funcionó para obtener el marcador, pero no para convencer a una grada resentida por los fracasos anteriores. Si el Tri desea recuperar el apoyo incondicional de su gente, tendrá que proponer partidos con mayor entrega y espectacularidad en sus siguientes presentaciones.
